1. Evangelismo es … Una alegría embriagadora

Dave Earley

No hay escapatoria: si nosotros, por la gracia de Dios, tenemos éxito en el evangelismo seremos más felices. Nuestro gozo en el Señor se aumentará.

—John Piper

Pensar en hablar con alguien sobre Jesús me hacía sudar y sentirme demasiado incómodo. Soy una persona introvertida y hablar con la gente sobre cualquier cosa, y mucho más algo controversial como Jesús, estaba a años luz de lo que me hacía sentir a gusto. Pero después de varios años de vida salvaje, recientemente me entregué cien por ciento a Dios. Además, comencé a preocuparme por la vida presente y el destino eterno de mi mejor amigo, Scott. Él necesitaba a Jesús. Maldecía mejor que nadie. Cuando se enojaba, tejía una red de blasfemias que podría impresionar a un marinero. Más allá de eso, sabía que estaba vacío por dentro.

Lee, nuestro pastor de jóvenes, nos había pedido que buscáramos a otro creyente y en oración tratáramos de compartir el evangelio con un amigo la siguiente semana. Me sentí un poco mejor al saber que Roy, mi compañero, había testificado por años y que había llevado a muchos a los pies de Cristo. A diferencia de mí, conocía todos los versículos apropiados y dónde encontrarlos. También era buen amigo de Scott. Así que aquella noche oramos para compartir el mensaje de Jesús con Scott.

Por varias razones, aquella oración fue posiblemente la más difícil que había hecho alguna vez. En primer lugar, la enseñanza de Lee sobre evangelismo en las últimas semanas me indujeron una profunda preocupación por Scott. Me di cuenta de que estaba vacío y sus palabras malignas reflejaban un corazón doliente. Estaba perdido y necesitaba a Dios.

En segundo lugar, el padre de Scott no simpatizaba con el cristianismo verdadero. Tenía temor de lo que pudiera pensar, decir o incluso hacer.

En tercer lugar, Scott era mi mejor amigo. No quería que pensara que éramos afeminados, religiosos excéntricos o aún peor, «vendedores de Jesús». Ni tampoco quería perder un amigo.

En cuarto lugar, insisto, Scott era mi mejor amigo. Me conocía mejor que nadie y si alguien sabía que yo no era perfecto, era Scott.

En quinto lugar, estaba totalmente asustado. Nunca había hablado de Jesús con nadie. No conocía todos los versículos ni qué decir. Nuestro líder, Lee, nos había enseñado algunas preguntas de apertura, pero me preocupaba decir algo tonto y arruinarlo todo. ¿Y si digo algo que termine por alejar aún más a Scott? ¿Y si pregunta algo que yo no sé responder?

Roy tenía más confianza que yo. Dijo algo así como que nosotros hiciéramos nuestra parte y que el Espíritu haría la suya.

La noche siguiente, Roy vino a mi casa. Una vez más oramos por Scott y lo que debíamos compartir con él. Entonces nos dirigimos a su casa.

Le había dicho a Scott que Roy y yo lo visitaríamos y que teníamos algo importante que decirle, pero no le dije qué era. Scott tuvo curiosidad cuando abrió la puerta. Entramos y tuvimos una breve conversión con sus padres, y luego buscamos una excusa para ir a su habitación.